Nunca he creído en la perfección, y eso es algo que aprendes de mí una vez que llegas a conocerme. No me gustan las cosas perfectas. Porque para mí nada es perfecto, y no es que sea pesimista, es más, no tiene nada que ver con eso. Es solo que para mí, la perfección es algo efímero, inalcanzable; porque es distinta a ojos de quién lo vea. Amo las imperfecciones.
Me gusta hacerme coletas desastrosas, llenas de bollos y pelos sueltos. Me gusta que mis converse estén echas una mierda. Me gustan las malas contestaciones. Me encanta mi locura y mi sarcasmo. Me gustan los papeles pintados, la ropa demasiado grande, el humo de un porro al apagarse, el sonido de una guitarra desafinada y una voz que canta en el asiento del copiloto cuando cree que nadie está escuchando…Me gusta el carmín rojo puta. Me gusta recordar tú olor. Me encantan los contratos sin firmar. Me gustan los domingos, y los lunes, y los martes, los miercoles y los jueves. Me gustan las despedidas inflinitamente aplazadas. Me gustan nuestros lugares perdidos y oscuros. Me gusta odiar el algodón. Me gusta el frío y que se me quede la punta de la nariz congelada. Me gusta ser dulce y ordinaria. Me gusta abrazar a quien no quiere que le abrace y no abrazar a quien quiere que lo haga. Me gusta robar besos y despues sonreir. Me gustan las cicatrices, y adoro adoro, adoro los lunares, sobre todo aquellos que hacen distintivos a una persona... Me encantan las personas incomprendidas, y los casos perdidos. Me gustan los pelos alborotados y alborotarlos. Me gusta mi disgusto a la música estridente, y me gusta cantar con Quique. Me gusta que me quemen las palabras en la boca. Me gustan las medias demasiado rajadas. Me gustan las sonrisas extrañas. Me gustan las gafas grandes y que no me besen con ellas. Me gustan las cosas viejas, y envejecer las cosas nuevas. Me gusta ser desastrosa. Me gusta ir siempre por ahí con el pelo mojado. Me gusta aceptar mis defectos, y haber aprendido a aceptar todos y cada uno de los defectos de esas pocas personas a las que de verdad quiero.
Porque sinceramente, sin defectos, seríamos todos unos aburridos, carentes de interés.
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