El código de acceso a su corazón
cambia todas las noches. A veces su concha es dura como una piedra. Por mucho
que pruebe mil combinaciones en forma de caricias y palabras de apoyo, apenas
consigo quedarme en las puertas de su misterio. Sin embargo, ¡me gusta tanto
hacer crujir esa concha! Escuchar ese pequeño ruido que produce al
desactivarse, ver los hoyuelos que se marcan en la comisura de sus labios…
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