Cuando le conoció los pájaros llenaban el cielo…él era guapo
y un delincuente muy bueno, ella quiso hacerlo a su manera. El interrumpió en
su vida; y a ella le gustó. Ella se subía a los balcones, se subía a todo,
hacia lo que fuera por él…pobre de ella. Él a veces la abrazaba tanto de corazón... Él pensaba que ella se iba a cansar. Ella no quiso nunca arruinar su vida,
tan solo quería mejorar la suya. Ella probaba mil combinaciones en forma de
caricia y palabras de aliento, pero la clave de acceso a su corazón cambiaba
todas las noches, unos días era tierno y otros era un genial tirano; ella siempre
se quedaba a las puertas de su misterio… Se decían cosas feas, ella no se dio
cuenta que encontrarle le cambió la vida, le costaba admitir que lo había hecho
y mucho más que era para mejor, vaya. Él había salvado su vida, era una
tragedia que ella misma había planeado.Cuando le veía su corazón latía como un tambor de vudú. Ella hizo que él fuera mejor persona. Él la dio el mejor consejo que nadie la pudo dar.
Ella se propuso dar luz a León si algo se le quedaba oscuro. Ella supo que era
la chica seria de la que él un día habló.
Agradecía todas esas cosas malas, la gente que la había fallado, porque
todas cosas la habían llevado hasta allí. Ella se había sentido querida y eso
es lo que la importaba. Él era un perfecto corrector lingüístico. Ella sacaba
lo mejor de sí, cuando él la miraba. Él adoraba a Chester Bennington y ella se
había enamorado de Quique. El vivía al margen del mundo. Ella contaba los días
para verlo y él no sabía en qué día vivía. Ella adoraba cuando él decía “rancio
dice”. Ella tenía mil tipos de miradas y él las conocía todas; tenía miradas
que mataban, otras que te hacían sonreír, tenía incluso miradas que decían
“buenos días…estás tan guapo dormido”…y eso sólo con una mirada. Ella quería
hacer con él, lo que la primavera hace a los cerezos. A ella le encantaba oler
a él. Él la protegía, nunca la hizo sentirse un flan y en verdad él nunca fue
un tirano. Cuando él la abrazaba, ella cerraba los ojos a todo, se sentía muy
afortunada, aunque solo durase un minuto. Ella adoraba cuando él cantaba en el
asiento del copiloto y cuando se quitaba las gafas para besarla. Él veía el
mundo de un modo que los demás no podían, y eso era una gran ventaja. El era
como los icebergs, como lo fascinante de los icebergs. Ella saltaba en los
charcos, le gustaba llevar los pies mojados. Él era el hombre gato; la arañaba,
era infiel, la ignoraba, se escapaba, pero a pesar de todo, no podría vivir sin ella. Él
no había sido para ella más que un zorro similar a cien mil otro, pero ella lo
hizo suyo y ahora es único en el mundo.
Él creía que era más sincero, sino había contrato que firmar. Él estaba a 201 kilómetros
de ella y a ella la dolía que un helado les hubiera separado aun más, le dolía
haberle encontrado en el mismo lugar en el que el 1 de Abril habían estado, en
el mismo pasillo y que esta vez no hubieran comprado tallarines de gambas, el
día que amanecieron tan juntos…ella no podía esperar hasta volverlo a encontrar
para decirle que era su zorro, el único en el mundo; que para ella seguía
siendo aún Diciembre!!

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